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Sanidad

Monstruos clásicos y su relación con enfermedades y fenómenos médicos reales

Vampiros, hombres lobo, zombis y Frankenstein desde la ciencia: porfiria, hipertricosis, síndrome de Cotard y otras enfermedades reales tras los mitos.

Redacción automática · Murcia 2 min de lectura

Vampiros, hombres lobo, zombis y el monstruo de Frankenstein son figuras muy conocidas de la literatura de terror. Aprovechando la celebración de Halloween, este artículo los aborda desde una perspectiva científica para explorar su relación con enfermedades y fenómenos médicos reales. Aunque estos personajes pertenecen a la ficción, algunas de sus características tienen explicaciones basadas en la ciencia.

El mito de los vampiros podría estar vinculado a varias enfermedades. Una de ellas es la porfiria, un trastorno genético que afecta a la producción de hemoglobina, cuyos síntomas incluyen extrema sensibilidad al sol, ampollas y lesiones en la piel y una coloración rojiza de los dientes. También se relaciona con la rabia, que provoca agresividad, espasmos ante el agua (hidrofobia) y salivación excesiva. Además, en épocas de epidemias como la tuberculosis o la peste, las personas pálidas que tosían sangre se veían como seres que perdían la fuerza vital, como si un vampiro les robara la vida, y la idea de vampiro se asociaba a maldiciones y plagas.

El llamado «síndrome del hombre lobo» existe y su nombre médico es hipertricosis. Se trata de una anomalía genética poco común que provoca un crecimiento excesivo de pelo en distintas partes del cuerpo, incluida la cara. Otro caso es la licantropía clínica, un trastorno psiquiátrico muy raro en el que una persona cree que se transforma en un animal, generalmente un lobo, y puede adoptar comportamientos salvajes.

El síndrome de Cotard, conocido como «síndrome del cadáver andante», es otro trastorno psiquiátrico poco frecuente en el que la persona llega a creer que está muerta o que sus órganos han dejado de funcionar.

En cuanto a los zombis, la «enfermedad de las vacas locas» (encefalopatía espongiforme bovina) provoca daños progresivos en el cerebro y el sistema nervioso. Su variante humana, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, puede causar demencia, espasmos musculares y cambios drásticos de personalidad que anulan la voluntad de la persona.

Por último, la novela de Mary Shelley que dio origen al monstruo de Frankenstein refleja los debates científicos de su época sobre la electricidad y la posibilidad de devolver la vida. Durante los siglos XVIII y XIX se realizaron experimentos de estimulación eléctrica sobre animales y cadáveres humanos, que despertaron un gran interés científico y social. La reanimación de un cuerpo como el de Frankenstein sigue siendo ficción, aunque los avances actuales en trasplantes y medicina regenerativa continúan explorando los límites de la ciencia.

Información elaborada a partir de La Opinión de Murcia.

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