Luis Gallegos reclama replantear la jubilación ante una vida más longeva
Luis Gallegos reclama flexibilizar la jubilación y adaptar ciudades, empleo y servicios a una población cada vez más longeva.
El diplomático Luis Gallegos, presidente de la Fundación por la Iniciativa Global sobre Envejecimiento y Longevidad, considera que mantener una jubilación rígida a los 65 años, cuando la esperanza de vida puede alcanzar los 100, supone desaprovechar talento y recursos. Gallegos ha expuesto esta visión en una entrevista coincidiendo con el ‘LifeSpan Summit 2026’, celebrado del 14 al 16 de octubre en Málaga.
El experto sostiene que la sociedad está alargando la vida cronológica, pero no garantiza necesariamente una mejor calidad de vida ni una mayor participación social. A su juicio, las instituciones siguen organizadas según un modelo del siglo XX y deberían revisar cómo se trabaja, se convive y se afronta el envejecimiento.
Gallegos, que también dirige el Instituto Mundial sobre Discapacidad y presidió entre 2019 y 2020 la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, reclama una convención internacional vinculante contra la discriminación por edad. Señala que el edadismo afecta especialmente al empleo y a la sanidad, donde se puede descartar la experiencia profesional o limitar tratamientos por considerar el envejecimiento una condición médica incurable.
El diplomático también alerta de que las ciudades no están preparadas para una población más longeva y defiende transformar el diseño urbano, adaptar las viviendas y acercar los servicios de apoyo a los hogares. Además, califica la soledad no deseada de fallo sistémico y advierte de que los ingresos y el lugar de residencia condicionan más la esperanza de vida saludable que la genética.
Para Gallegos, la longevidad puede convertirse en un privilegio socioeconómico si no se aplican políticas públicas que garanticen unos mínimos de bienestar. En este contexto, propone sustituir el retiro obligatorio y uniforme por fórmulas flexibles, con transiciones graduales, jornadas adaptadas y proyectos que permitan seguir contribuyendo sin renunciar a la calidad de vida.
La cuestión afecta también a Palma y al conjunto de las Illes Balears, en un contexto en el que las administraciones deben afrontar las necesidades de una población que envejece. El experto defiende que la llamada ‘silver economy’ priorice la autonomía y la accesibilidad por encima de la mera venta de productos, y define envejecer bien como conservar la capacidad de decidir sobre la propia vida aunque cambien las capacidades.
Información elaborada a partir de Diario de Ibiza.