Un nuevo estudio sitúa en el tronco encefálico el posible origen de la sensación básica de estar vivo
Un estudio de Devor y Baron propone que la sensación básica de estar vivo nace en el tronco encefálico y no en la corteza. Aún faltan pruebas.
Un nuevo estudio propone que la consciencia podría originarse en el tronco encefálico, y no en la corteza cerebral, como sostiene la mayoría de los neurocientíficos. La propuesta, publicada en la revista The Neuroscientist, está firmada por Marshall Devor, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y Mark Baron, de la Universidad de Harvard. Según sus autores, esta estructura situada en la base del cerebro podría generar la sensación básica de estar vivo y de experimentar el mundo, mientras que la corteza se encargaría de procesar la información.
Hasta ahora, buena parte de la neurociencia ha situado el origen de la consciencia en la corteza cerebral, la capa externa y plegada que permite reconocer objetos, interpretar sonidos o recuperar recuerdos. Los investigadores proponen mirar más abajo, hacia el tronco encefálico, que conecta el cerebro con la médula espinal y regula funciones como la respiración, el ritmo cardíaco y el sueño. Devor y Baron no restan importancia a la corteza, sino que distinguen entre procesar información y sentir que esa información forma parte de una experiencia propia.
El argumento principal parte del dolor. Al tocar una superficie caliente, el sistema nervioso detecta el estímulo nocivo y provoca la retirada refleja de la mano. Esa detección, llamada nocicepción, no equivale necesariamente a sentir dolor. Los autores señalan que, a diferencia de la visión, la audición o el tacto, el dolor no parece tener una única zona cortical cuya estimulación lo provoque, y recuerdan observaciones del neurocirujano Wilder Penfield realizadas a mediados del siglo XX.
Otra pista procede de las consecuencias de dañar el tronco encefálico. Lesiones en determinadas zonas pueden causar pérdida de consciencia o coma, incluso con la corteza intacta. En trabajos anteriores con ratas, el equipo de Devor identificó un área sensible a los anestésicos: la inyección de cantidades minúsculas de fármacos en ese punto provocaba rápidamente anestesia general.
La teoría plantea una división de tareas: la corteza analizaría el entorno y enviaría la información al tronco encefálico, que actuaría como un árbitro, seleccionando qué actividad adquiere relevancia consciente. Los investigadores citan también casos de personas con daños corticales extremos o hidranencefalia que muestran respuestas compatibles con sensaciones de bienestar y dolor, así como animales sin corteza con respuestas complejas.
La hipótesis tiene además una implicación evolutiva, ya que el tronco encefálico es mucho más antiguo que la corteza de los mamíferos. Los autores admiten, no obstante, que la teoría no explica cómo la actividad neuronal produce una vivencia en primera persona ni demuestra que esta estructura sea la sede de toda la consciencia. Se trata, según reconocen, de una interpretación de hallazgos previos y una invitación a estudiar sus circuitos con más detalle.
Información elaborada a partir de Diario de Mallorca.