Los ejércitos digitales de los partidos: de movilizar votantes a combatir bulos en campaña
Partidos de todo el espectro quieren ejércitos digitales en WhatsApp inspirados en Lula. Expertos advierten de algoritmos opacos y de que las redes no sustituye
Los partidos políticos quieren desplegar sus propios ejércitos digitales, sobre todo a través de WhatsApp, inspirados en la campaña brasileña del presidente Lula. Según explica Iago Moreno, especialista en plataformas digitales y representante de Future of Technology Institute en España, las grandes plataformas no son neutrales ni tienen reglas claras, y la cancha aparece «claramente inclinada» hacia un lado del espectro ideológico. Moreno, que participó como observador internacional en Brasil, señala patrones que, a su juicio, penalizan a un candidato y favorecen «clarísimamente» a otro, en este caso Flavio Bolsonaro.
La cuestión es si este modelo puede exportarse y cómo se traduce en movilización electoral y en la lucha contra la desinformación y los bulos. Los expertos consultados son cautos: la base de una victoria sigue siendo el candidato y su proyecto, aunque reconocen que las herramientas digitales son cada vez más necesarias, sobre todo por sus mecanismos opacos y desiguales para amplificar determinados mensajes.
Paco Camas, director de investigación de opinión pública en Ipsos Spain, afirma que «hoy por hoy, este tipo de canales sustituyen el puerta a puerta», sobre todo para reforzar a quienes ya tienen decidido su voto o actúan como influyentes en sus entornos. Moreno recuerda que uno de los primeros movimientos de André Janones, impulsor de la estrategia de Lula, fue responder a una entrevista en la que se pretendía vincular al candidato con filtraciones dudosas y con una supuesta trama de corrupción que afectaba a su hijo.
Juan Carlos Monedero, politólogo asentado en México, considera que estos ejércitos digitales han sido muy relevantes en Brasil y Colombia, donde se recurrió a tácticas agresivas en redes sociales con bots y algoritmos, con una manipulación heredada de Cambridge Analytica. Monedero advierte de las desigualdades de un terreno de juego cada vez más hegemónico y sostiene que hay que hacer partícipe a la ciudadanía de la corresponsabilidad informativa, aunque la información llegue a través de empresas privadas.
Desde la perspectiva de Moreno, España no ha asumido la dependencia que tiene de plataformas que aún no ha conseguido regular. Como ejemplo, cita que varios ministros de Sumar abandonaron la red social X, y que Ada Colau ya lo hizo en 2021 criticando un algoritmo que «sobrerrepresenta las polémicas y los discursos de odio». Según el análisis de Moreno, el llamado «método Janones» no se limita a usar las herramientas del adversario, sino que llama a romperlas, aprovechando un diseño que premia la explosividad y la falta de moderación.
César Calderón, director de la consultora Redlines, sostiene que Lula no ganó por un canal de WhatsApp, sino porque, tras reconocer que iba mal en las encuestas, cambió de discurso, de actitud y de estrategia. Advierte que copiar el modelo sin más no es recomendable para los partidos españoles. En la misma línea, Monedero señala que las redes no suplen la falta de un buen candidato ni de una buena gestión, y Camas matiza que estos canales movilizan sobre todo a los ya alineados, mientras que llegar al electorado indeciso o tibio sigue siendo el gran desafío.
Información elaborada a partir de La Provincia.