Vicente Garrido alerta del impacto de la psicopatía en la vida cotidiana
El criminólogo Vicente Garrido estima que la psicopatía moderada o alta puede afectar al 5% de la población española.
El catedrático de Criminología de la Universitat de València Vicente Garrido sostiene que la psicopatía de intensidad moderada o alta puede afectar al 5% de la población, lo que equivaldría a 2,5 millones de personas en España. El experto advierte de que muchas no encajan con la imagen del asesino en serie difundida por el cine, sino que están integradas en la sociedad.
En una entrevista con La Provincia con motivo de la publicación de su libro Personas diana, Garrido explica que estos perfiles pueden aparecer en relaciones de pareja, familias, empresas o instituciones. Entre sus rasgos señala la manipulación mediante la mentira y el fraude emocional, la incapacidad para sentir culpa y el uso de la violencia psicológica para dominar a otras personas.
El criminólogo apunta que suelen detectar las inseguridades y necesidades afectivas de sus víctimas para adaptar su comportamiento y resultar encantadores, atentos o seductores. Según describe, tras consolidar el vínculo pueden iniciar una etapa de explotación y control, especialmente cuando existen hijos, negocios o una dependencia emocional.
Garrido considera que una de las dificultades para identificar estas conductas es la creencia de que se trata de una enfermedad mental que impide controlar los actos. También califica de peligroso pensar que el amor puede cambiar a estas personas y afirma que la coacción emocional puede llevar a las víctimas a abandonar sus objetivos, relaciones y proyecto vital.
El experto relaciona estos comportamientos con la violencia de género y subraya que el maltrato psicológico puede pasar inadvertido cuando el agresor cuenta con recursos económicos, posición social o prestigio. En su opinión, el control, la humillación y la manipulación pueden someter a una pareja sin necesidad de agresiones físicas.
El análisis, de interés para los lectores de Las Palmas de Gran Canaria como capital de Canarias, plantea un problema de alcance social que también afecta a las relaciones familiares, laborales y afectivas de cualquier entorno. Garrido defiende que la salida pasa por romper o limitar al máximo la influencia de la persona con estos rasgos y reconstruir después un proyecto de vida propio.
Información elaborada a partir de La Provincia.