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Economia

Central Galaica impulsa el cultivo de árnica ante el declive de la silvestre

La empresa coruñesa Central Galaica cultiva árnica para abastecer a laboratorios europeos ante el declive de las poblaciones silvestres.

Redacción · Pontevedra 2 min de lectura

Central Galaica de Plantas y Especias, con sede en Paderne (A Coruña), comercializa cada año cientos de kilos de flor de árnica seca para laboratorios y empresas de cosmética de Alemania, Francia y Suiza. Entre sus clientes figuran Weleda y Boiron, fabricantes que utilizan esta planta en cremas, pomadas y geles.

La empresa, que ya va por la tercera generación y cumple 80 años de actividad, comenzó a trabajar con árnica en los años cuarenta. Su fundador, Adonis Bonome Sánchez, anunciaba en las tabernas de las aldeas que buscaba árnica silvestre y otras plantas para secarlas y venderlas a la industria.

La recolección alcanzó su máximo entre las décadas de 1960 y 1970, con más de 80 toneladas anuales. Sin embargo, las poblaciones silvestres han disminuido desde los años ochenta. Marcos Bonome, actual responsable de la firma, relaciona el declive con el abandono del rural y los cambios en los usos del suelo, que han aumentado la presencia de malas hierbas y nitrógeno del purín.

Central Galaica mantiene una red de entre 230 y 250 recolectores con terrenos en Galicia y el norte de Portugal, pero actualmente obtiene menos de 800 kilos en Lugo, frente a la producción de décadas anteriores. Para garantizar el suministro, la compañía inició hace algo más de diez años su propio cultivo, con parcelas piloto que han pasado de 500 metros cuadrados a una hectárea. Su objetivo para 2030 es gestionar unas cuatro hectáreas.

La firma trabaja ahora con unas cinco toneladas de árnica, entre la gallega y la procedente de otros lugares. La recolección se realiza manualmente y la planta se traslada el mismo día al secadero para preservar su calidad. El proceso incluye recepción, secado, limpieza, envasado, almacenamiento y análisis.

El precio de la flor seca, que rondaba los 40 o 50 euros por kilo en 2017, llegó a alcanzar los 180 euros. Actualmente oscila entre 120 y 160 euros por kilo, según el origen y el lote. Una hectárea puede producir unos 1.560 kilos de flor fresca y 300 de flor seca, con ingresos brutos cercanos a 45.000 euros en un escenario de precios altos.

Información elaborada a partir de Faro de Vigo.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de Faro de Vigo · Ver original

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