La cumbre del clima de Antalya se enfrenta a su prueba de fuego entre guerras y bloqueos
La cumbre del clima de Antalya (9-20 de noviembre) afronta bloqueos previos, tensiones geopolíticas y un nuevo impulso tras las elecciones de Brasil y EE. UU.
Entre el 9 y el 20 de noviembre, la ciudad turca de Antalya acogerá una cumbre del clima que se presenta como una de las grandes pruebas de la cooperación internacional. La cita llega en un contexto marcado por las guerras, las tensiones entre potencias y una crisis energética que ha vuelto a situar los combustibles fósiles en el centro de las disputas geopolíticas, según recoge Faro de Vigo.
La cumbre, liderada por Turquía y Australia, arranca con una advertencia de Naciones Unidas: el mundo ya ha perdido la oportunidad de limitar el calentamiento global a corto plazo por debajo de 1,5 grados. A ello se suman los desastres naturales registrados en distintos puntos del planeta, como las inundaciones provocadas por el deshielo de un glaciar en Nepal, que ya han dejado más de 6.000 muertos.
El encuentro del año pasado terminó con un resultado decepcionante, en buena parte por el bloqueo de petroestados como Estados Unidos, Rusia, Irán y Arabia Saudí. Esa situación llevó a los países comprometidos con la acción climática a organizar una reunión paralela, lo que evidenció una gran ruptura entre ambos bloques y cuestionó la utilidad de las cumbres.
La victoria de Lula da Silva en Brasil y de los demócratas en las elecciones legislativas de Estados Unidos ha devuelto cierta esperanza. Lula asistirá a la cumbre y los demócratas planean enviar una delegación encabezada por Gavin Newsom. Claudia Custodio, del Observatori del Deute en la Globalització, considera que estos datos suponen un soplo de esperanza, mientras que Sven Harmeling, de Climate Action Network Europe, sostiene que su presencia podría enviar una señal política clara.
Australia dirigirá las negociaciones formales, que deberían concluir en un acuerdo oficial y unánime, y Turquía impulsará una agenda de acción con medidas más concretas, aunque basadas en compromisos voluntarios. Entre ellas figura un objetivo global de llegar al 35% de electrificación en 2035, si bien Europa solo firmará si se vincula a un despliegue de renovables y a la reducción de los combustibles fósiles.
Las organizaciones ecologistas reclaman avanzar en la reducción de emisiones, la adaptación y la financiación, y que los acuerdos se incluyan en los compromisos finales. Eva Saldaña, de Greenpeace, afirma que «las soluciones existen, pero falta determinación política para llevarlas a cabo», mientras que Chiara Martinelli, de Climate Action Network, considera que Antalya será un test para comprobar si las cumbres van más allá de los discursos.
Información elaborada a partir de Faro de Vigo.