Raiola prueba sensores para cuidar a mayores sin invadir su intimidad
Raiola prueba sensores para detectar riesgos en residencias sin cámaras en las habitaciones y con un acceso limitado a los datos.
La empresa coruñesa Raiola, dedicada a la atención de personas mayores en residencias, ha estudiado distintas tecnologías para detectar antes posibles caídas, ausencias prolongadas de la cama, estancias largas en el baño o cambios en los patrones de descanso. El proyecto, desarrollado junto a Anta Norte y respaldado por el programa Ticket Innova de la Xunta con 29.702,69 euros, busca mejorar la atención sin alterar la intimidad de los residentes.
El gerente de Raiola, Marcos Núñez Regueira, explica que no existe una solución válida para todos los usuarios. La compañía ha analizado sensores integrados en camas y butacas, dispositivos discretos para las habitaciones y broches o colgantes para determinados casos. Una de las herramientas permite seguir la evolución del peso de una persona mientras permanece acostada, una opción pensada para quienes no pueden levantarse o mantenerse de pie sobre una báscula.
La empresa define este enfoque como un «seguimiento amable», basado en que la tecnología exija el mínimo esfuerzo tanto a los residentes como a los profesionales. Por ello, prioriza sistemas integrados de forma discreta en el entorno y que no obliguen a llevar dispositivos, utilizar un teléfono móvil o cambiar las rutinas habituales.
Raiola ha probado soluciones de visión artificial con las cámaras ya existentes en pasillos y espacios comunes, pero descarta instalarlas dentro de las habitaciones. «No contemplamos instalar cámaras dentro de las habitaciones, aun cuando estas no recojan imágenes sino movimiento», afirma Núñez Regueira, que considera que la empresa no está dispuesta a asumir ese riesgo en estos momentos.
El acceso a la información también se limitaría según las funciones de cada trabajador. Una gerocultora podría recibir un aviso para comprobar que una persona lleva demasiado tiempo fuera de la cama, pero no tendría por qué conocer su nombre ni el tiempo exacto que ha pasado en el baño. Los datos clínicos quedarían reservados a los profesionales encargados de valorar la salud del residente.
El estudio inicial ya ha concluido y el siguiente paso será calcular el coste y preparar pruebas piloto en varias habitaciones. Antes deberán resolverse las cuestiones técnicas y jurídicas, informar a los residentes y sus familias y obtener las autorizaciones necesarias. Raiola prevé que el uso no sea obligatorio y estudiará combinar tecnologías según las necesidades de cada persona. La compañía también analiza crear una nueva empresa para llevar estas soluciones a sus centros y ofrecerlas en el futuro a otras compañías del sector de los cuidados, una cuestión de interés para el ámbito gallego y también para los lectores de Pontevedra por su relación con la innovación aplicada a la atención residencial.
Información elaborada a partir de Faro de Vigo.