La XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid deja al descubierto las diferencias entre países latinoamericanos
La Cumbre Iberoamericana de Madrid evidencia tensiones sobre Cuba, Venezuela, Malvinas y Haití, pero aprueba una declaración conjunta.
La XXX Cumbre Iberoamericana, celebrada del 4 al 5 de noviembre en Madrid, ha puesto de manifiesto las diferencias políticas y diplomáticas que atraviesan América Latina. Las posiciones enfrentadas sobre Cuba, Venezuela, las Malvinas o la crisis de seguridad en Haití han marcado buena parte de los discursos de los representantes de los 22 países de la Comunidad Iberoamericana. Pese a ello, los participantes han logrado aprobar una declaración conjunta y acordar nuevas iniciativas de cooperación.
Uno de los momentos más tensos llegó con la intervención del presidente argentino, Javier Milei, que situó el enfrentamiento ideológico en el centro de su discurso. Milei aseguró que el socialismo y el fascismo comparten su rechazo al libre mercado. La respuesta del Gobierno español fue que el socialismo que defiende Pedro Sánchez está en las antípodas del fascismo. El saludo entre ambos dirigentes fue especialmente frío. Milei también reivindicó la soberanía argentina sobre las Malvinas, a las que calificó de "causa sagrada", y expresó su disposición a resolver el conflicto con Reino Unido por la vía diplomática.
La situación de Cuba también evidenció las distancias entre gobiernos. El ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, denunció el "castigo colectivo" que, según su criterio, impone Estados Unidos a la isla, y reclamó que la Comunidad actúe "sin injerencias, exclusiones ni presiones externas". México rechazó el embargo y las restricciones contra la isla, mientras que Uruguay reiteró su oposición a las medidas coercitivas unilaterales y defendió los "legítimos derechos" de Argentina sobre las Malvinas. Venezuela, por su parte, pidió el levantamiento de las sanciones y, según su canciller, Oliver Blanco, el país vive una "nueva etapa de transformación democrática".
La crisis de Haití y la seguridad fueron otro foco de discrepancias. El vicepresidente salvadoreño, Félix Ulloa, defendió el despliegue militar bilateral para rescatar a cuatro ciudadanos de El Salvador retenidos por bandas criminales. Los 22 países, sin embargo, sí lograron acercar posiciones en un comunicado sobre la delincuencia organizada transnacional, al que expresaron su preocupación y en el que defendieron una acción coordinada de los Estados frente al narcotráfico, el blanqueo de capitales, la trata de personas o la ciberdelincuencia.
Sánchez, por su parte, pidió a los países participantes que respalden a Ucrania frente a Rusia, advirtiendo de que no hacerlo abriría la puerta a "la ley del más fuerte". Tras la clausura, el presidente español reivindicó la cooperación y el diálogo y calificó de "gran éxito" la aprobación de la declaración conjunta, que no se había logrado en la edición anterior celebrada en Cuenca en 2024. Honduras asumirá la Secretaría Pro Tempore y organizará el próximo encuentro, previsto para 2028.
La cumbre contó con ausencias destacadas, como las del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Sánchez restó importancia a estas ausencias al recordar que todos los países estuvieron representados, ya fuera por jefes de Estado o de Gobierno, vicepresidentes o ministros de Exteriores. Desde la Unión Europea, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, defendió que reforzar la relación con América Latina es una "necesidad estratégica". Para Sevilla, capital de Andalucía, la cumbre se sigue como un foro de relación histórica con Iberoamérica.
Información elaborada a partir de Diario de Sevilla.