Cuidadoras de dependientes en Valladolid: sin relevo y con empleos perdidos
Cinco cuidadoras de Valladolid relatan cómo sus hijos y nietos con grandes dependencias les han obligado a dejar el trabajo y temen el futuro.
Cinco mujeres de Valladolid cuentan cómo cuidan a hijos y nietos con grandes dependencias y se preguntan quién se ocupará de ellos cuando ya no puedan hacerlo. Son historias distintas con un denominador común: el 75% de quienes asumen esta responsabilidad en el entorno familiar en Valladolid son mujeres, según recoge El Norte de Castilla. La cita tuvo lugar en el Parque de los Castaños, con motivo del Día Internacional de las Personas Cuidadoras, que se celebra cada 5 de noviembre.
Yolanda de la Viuda, presidenta de la Asociación de Ayuda a la Dependencia y Enfermedades Raras de Castilla y León, reunió a las madres en torno a esta fecha para reclamar más ayudas y recursos. Cerca del lugar se encuentra el Colegio de Educación Especial Número 1, donde se acababa de impartir una charla sobre la curatela de jóvenes con discapacidad, un procedimiento judicial que muchas familias deben afrontar al llegar sus hijos a la mayoría de edad, con el coste económico que ello supone.
Olga Cuadrado, de 50 años, dejó su trabajo como administradora de fincas cuando nació su hija Elsa, hace 18 años, y nunca volvió a incorporarse. Elsa padece una enfermedad genética ultrarrara relacionada con el gen STXBP1 y tiene reconocida una discapacidad del 96%. «Desde que nació Elsa, cumplo los años de dos en dos. El futuro es muy difícil. Si lo pienso, me derrumbo», afirma.
Patricia Elizo renunció a su empleo en un supermercado para atender a sus dos hijos con discapacidad. El mayor, de 18 años, acude a un colegio de San Juan de Dios y duerme entre semana en un centro de atención juvenil de Parquesol, y ella teme no poder asumir sola sus cuidados cuando deje ese recurso. «¿Qué voy a hacer yo con mi hijo?», se pregunta.
María Bravo cuida en casa a su hijo Jorge, de 23 años, que padece el síndrome de Schaaf-Yang. Los tratamientos le suponen entre 300 y 700 euros al mes, frente a una ayuda de 180 euros. Acogerse a una prestación vinculada de mayor cuantía implicaría renunciar a la ayuda por cuidados en el entorno familiar y a la cotización a la Seguridad Social. «Si perdemos la cotización, el día de mañana, ¿qué hacemos?», plantea.
Verónica Pino, de 47 años, ha perdido varios empleos en el sector de la limpieza desde que cuida de su nieto Yael, de cuatro años, con autismo severo. Recibe unos 600 euros mensuales en prestaciones, mientras que las terapias del pequeño le cuestan cerca de 900 euros. Reclama más ayudas y comprensión laboral para poder atender las urgencias sin ser despedida.
Información elaborada a partir de El Norte de Castilla.