El cordero de las aceñas que avisaba de las crecidas del Duero en Zamora
El cordero de las aceñas de Olivares dio nombre a una expresión popular zamorana para advertir de las crecidas del Duero.
Un cordero tallado en piedra en las aceñas de Olivares se convirtió, según la tradición local, en una referencia popular para advertir de las grandes crecidas del Duero. Los zamoranos decían que «el río daba de beber al cordero» cuando el agua alcanzaba niveles peligrosos.
La figura representa al Cordero Pascual, un símbolo religioso relacionado con Cristo y utilizado como emblema del Cabildo de la Catedral de Zamora, propietario de las aceñas durante buena parte de su historia. Con el tiempo, la escultura pasó a formar parte de una forma popular de interpretar la subida del río, aunque nunca fue un sistema oficial de medición.
Las aceñas de Olivares también desempeñaron un papel esencial en la economía zamorana. Sus ruedas hidráulicas aprovechaban la corriente del Duero para mover las piedras que molían el cereal y producían harina. El conjunto llegó a contar con hasta siete ruedas, algunas identificadas con nombres como Rubisca, Manca o Triquitana.
La relevancia de estas instalaciones quedó reflejada incluso en un sello del concejo zamorano fechado en 1273. La primera referencia escrita conocida a las aceñas se remonta al año 986, y su actividad se mantuvo durante siglos pese a las reparaciones necesarias por las crecidas y el desgaste del agua.
En el tramo urbano del Duero también funcionaron las aceñas de Pinilla y Cabañales. Las de Olivares perdieron finalmente su uso industrial y, tras un periodo de deterioro, el Ayuntamiento impulsó su recuperación a partir de 1994. El conjunto rehabilitado abrió al público en julio de 2008 como Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua.
Información elaborada a partir de La Opinión de Zamora.