Cómo detectar si la miel lleva azúcar o jarabes antes de comprarla
Consejos para detectar si una miel lleva jarabes o azúcar añadido: etiquetado, cristalización, pruebas caseras y sabor.
Comprar miel en el supermercado creyendo que es un producto natural y encontrarse con un sirope industrial es algo que ocurre con frecuencia. La miel es uno de los alimentos más adulterados del mundo, y se estira mezclándola con jarabes de maíz, arroz o caña de azúcar para abaratar costes. Aunque solo el análisis de laboratorio certifica con total precisión su pureza, hay señales en la etiqueta y en el comportamiento del producto que permiten sospechar si se trata de una miel pura o de un sucedáneo azucarado.
La primera pista está en el etiquetado. La legislación obliga a indicar el origen de las mieles, así que conviene desconfiar de expresiones ambiguas como «mezcla de mieles no procedentes de la UE». Según el texto, estas etiquetas suelen ocultar mieles filtradas, a las que se ha retirado el polen original y que se han diluido con jarabes industriales. Una miel pura indica el país de origen e incluso el apicultor que la produce.
La segunda gran pista es la cristalización. La miel pura está formada sobre todo por azúcares naturales y tiene muy poca agua. Con el tiempo, la glucosa se solidifica y la miel se vuelve pastosa o dura. Si un tarro se mantiene perfectamente líquido, transparente y fluido como el primer día, es probable que haya sido pasteurizado, lo que destruye sus propiedades, o que contenga muchos jarabes añadidos.
Entre las pruebas caseras, la del vaso de agua consiste en echar una cucharada de miel en un vaso con agua a temperatura ambiente. La miel pura, al ser densa, cae al fondo como un bloque compacto y tarda en disolverse salvo que se remueva mucho. Si se disuelve enseguida o deja hilos flojos, puede contener exceso de agua o jarabes diluidos.
La prueba del papel absorbente consiste en poner una gota de miel sobre una servilleta o un trozo de papel de cocina. Si la gota se mantiene firme y abombada, la miel es pura; si forma un cerco húmedo o empapa el papel, puede haber agua o sirope. El texto advierte, no obstante, de que otras pruebas populares, como encender la miel con una cerilla o untarla en pan duro, no son concluyentes, porque la humedad ambiental o el propio contenido de agua de una miel fresca pueden alterar el resultado sin que haya adulteración.
Por último, el sabor también aporta información. La miel pura tiene un toque aromático que recuerda a las flores de su origen y puede dejar una ligera sensación de picor o frescor en la garganta al tragar, mientras que las mezcladas suelen resultar dulces y empalagosas. Según el artículo, comprar miel cruda, sin pasteurizar, de apicultores locales o con Denominación de Origen protegida es la garantía más fiable para evitar mezclas.
Información elaborada a partir de Deia.