Hipotiroidismo e hipertiroidismo: cómo reconocer los trastornos más comunes de la tiroides
Hipotiroidismo e hipertiroidismo son los trastornos de tiroides más comunes. Síntomas, datos de la OMS y recomendaciones de especialistas.
La tiroides, una pequeña glándula situada en la parte anterior del cuello, cumple funciones clave para el organismo, desde controlar la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal hasta intervenir en los niveles de colesterol, glucosa y memoria. Según explican especialistas de Quirónsalud, este órgano utiliza el yodo para elaborar hormonas que regulan el desarrollo y el metabolismo, y pesa unos 20 gramos en un adulto sano.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 750 millones de personas en el mundo padecen algún trastorno de tiroides, y el 60% de ellas no lo sabe. Los más frecuentes son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo.
El hipotiroidismo se produce cuando la glándula genera menos hormonas tiroideas de las necesarias, lo que ralentiza el funcionamiento del organismo. Según la Clínica Universidad de Navarra, sus síntomas incluyen cansancio, intolerancia al frío, pérdida de memoria, apatía, depresión, piel y cabello secos, uñas frágiles, aumento de peso, estreñimiento y somnolencia excesiva.
En el caso contrario, el hipertiroidismo, la glándula trabaja por encima de lo normal y produce un exceso de hormonas, lo que acelera las funciones del cuerpo. Entre sus manifestaciones más habituales figuran el nerviosismo, el insomnio, las palpitaciones, el cansancio inexplicable, la sudoración, la mala tolerancia al calor, el temblor de manos, la pérdida de peso y la diarrea. En las mujeres pueden aparecer alteraciones menstruales, y en las personas mayores puede presentarse un hipertiroidismo apático, con síntomas mucho más atenuados.
Alfredo Yoldi, endocrinólogo de Policlínica Gipuzkoa, subraya que la patología tiroidea es ocho veces más común en mujeres que en hombres y que su prevalencia aumenta con la edad. Por ello, recomienda que las mujeres a partir de los 45-50 años se sometan a un chequeo de la función tiroidea al menos una vez al año para detectar cualquier anomalía a tiempo.
Información elaborada a partir de Deia.