La obesidad infantil se dispara en las zonas de baja renta de Euskadi, según expertos
La obesidad infantil llega al 14,5% en zonas de baja renta de Euskadi, según un estudio. Estela Benito explica sus causas y riesgos.
La obesidad es una enfermedad multifactorial, pero los estudios señalan el nivel socioeconómico como uno de los factores más relacionados con su prevalencia. En Euskadi, un estudio publicado en octubre estima que la obesidad infantil alcanza el 5% de media, y picos del 14,5% en zonas de baja renta. Así lo explica Estela Benito, que advierte de que se trata de una enfermedad estrechamente ligada a la desigualdad social, por la dificultad de acceso a alimentos frescos o a terapias farmacológicas eficaces.
Según Benito, el aumento de la obesidad responde a varios factores, entre ellos el cambio en el estilo de vida: más uso del coche, dificultades para incorporar la actividad física a una rutina apretada y un entorno alimentario distinto. En la infancia, las pantallas han ido ganando terreno a los juegos en la calle, y el fácil acceso a productos ultraprocesados o muy calóricos, comercializados de forma muy atractiva, también influye, incluso entre los más pequeños.
La experta subraya que la visión tradicional que atribuía la obesidad a la falta de voluntad es demasiado simplista. Se trata de una enfermedad crónica en la que intervienen factores genéticos, biológicos, hormonales, ambientales, psicológicos y sociales. Benito recuerda que la predisposición genética ronda entre el 40 y el 75%, y que el intestino y el cerebro se comunican constantemente para regular el apetito y el peso, de modo que en las personas con obesidad estos mecanismos pueden alterarse.
Benito también destaca la relación entre un menor nivel socioeconómico y educativo y una mayor prevalencia de obesidad: los alimentos frescos suelen ser más caros que la comida procesada, y quienes tienen menos recursos disponen de menos posibilidades para practicar deporte o tiempo para incorporarlo a su día a día. Además, explica que, tras una pérdida de peso importante, el organismo activa mecanismos que dificultan mantenerla, lo que hace que la obesidad sea una enfermedad crónica y recurrente.
En cuanto a las consecuencias, la experta advierte de que la mitad de los niños con obesidad serán adolescentes con obesidad, y que el 80% de ellos seguirán con este problema en la edad adulta. Benito señala que cada vez se ven más adolescentes en consulta con enfermedades asociadas, como hipertensión arterial, hígado graso o resistencia a la insulina, además de consecuencias psicológicas como baja autoestima, ansiedad, depresión o mayor riesgo de acoso escolar.
Por último, Benito insiste en la necesidad de que la prevención empiece en las primeras etapas de la vida y comprometa a toda la sociedad, así como en tener en cuenta la perspectiva de género y evitar el estigma, que puede retrasar la consulta médica y dificultar el tratamiento. Aunque la información procede de la provincia, su publicación en Bilbao la sitúa como una cuestión de salud pública de interés para la capital.
Información elaborada a partir de Deia.