Traumas, culpa y rabia tras accidentes como el ferroviario de Urda: así se recupera la salud mental
Pesadillas, culpa y rabia tras una catástrofe ferroviaria: qué efectos psicológicos aparecen y cómo acompañar a los supervivientes, según un psicólogo forense.
Sobrevivir a una catástrofe no marca solo el final de un peligro, sino el inicio de una nueva etapa para quienes la vivieron y para sus familias. Así lo explica el psicólogo sanitario y forense Francisco Hidalgo Díaz, director de Avannza Psicólogos, a raíz de la colisión ferroviaria de Urda, que el pasado jueves dejó 69 muertos. Según el experto, el accidente cambia a las personas que lo sufren, y es normal que aparezcan reacciones intensas mientras el cerebro intenta asimilar lo que ha vivido.
Entre los efectos psicológicos más habituales, Hidalgo menciona las pesadillas, los despertares sobresaltados, los recuerdos que irrumpen sin buscarlos, los sobresaltos ante ruidos, la dificultad para concentrarse y la irritabilidad. También puede darse el caso contrario: evitar por completo el tema o, al revés, no poder dejar de hablar de él. El psicólogo señala que los fragmentos sensoriales, como el estruendo, el chirrido del metal, los gritos o la oscuridad, pueden reactivarse con mucha fuerza. Además, subraya que la sensación de indefensión que produce quedar atrapado pesa especialmente en los síntomas posteriores, al igual que haber resultado herido, perder a un acompañante o haber auxiliado a otros en condiciones extremas.
Hidalgo también se refiere a la culpa que sienten muchos supervivientes, expresada en pensamientos como "¿por qué yo sí y él no?" o "tendría que haber hecho más". Según explica, esa culpa es un intento de recuperar el control, porque resulta más soportable pensar que se pudo evitar algo que aceptar que lo ocurrido fue fruto del azar. Muchas personas llegan a sentir que no tienen derecho a estar bien o a quejarse de sus propias heridas porque otros están peor.
El experto asegura que la mayoría de las personas expuestas a este tipo de sucesos no desarrolla un trastorno y que, con tiempo y apoyo, se recupera. No obstante, en algunos casos los síntomas persisten. Hidalgo, que ha tratado a personas afectadas por el accidente de Adamuz, explica que la memoria traumática se almacena de forma distinta y llega "sin fecha", por lo que el cerebro la vive como presente. Por eso, buena parte del trabajo terapéutico consiste en ayudar a procesar ese recuerdo para que quede en el pasado.
En cuanto a la atención inmediata, el psicólogo describe los primeros auxilios psicológicos como una intervención breve que busca proteger, estabilizar y conectar a la persona con sus allegados. Recomienda garantizar la seguridad y las necesidades básicas, escuchar sin presionar y ofrecer información veraz. Advierte también de que obligar a relatar con detalle lo vivido en las primeras horas no previene el trauma y, en algunos casos, puede empeorarlo. Tras esa fase, recomienda recuperar rutinas, cuidar el sueño, apoyarse en los seres queridos y evitar el alcohol u otras sustancias para calmarse. Hidalgo aclara que un recuerdo que reaparece de vez en cuando, por ejemplo en un aniversario, no indica que la persona no se haya recuperado.
Para quienes acompañan a los afectados, el experto aconseja preguntar qué necesitan en lugar de suponerlo, ayudar con lo práctico y respetar si no quieren hablar. También recomienda evitar frases como "tienes que ser fuerte" o "al menos tú estás vivo". Asimismo, señala que el duelo tras un accidente es más complejo que el de una muerte esperada, ya que se superponen el dolor por la pérdida y el trauma, con preguntas sobre cómo murió la persona o si sufrió. Por ello, insiste en que el acompañamiento no debe terminar en los primeros días. Como resume Hidalgo, pedir ayuda a tiempo no es una señal de debilidad, sino la vía más rápida para volver a sentir que el mundo, y también el tren, puede ser un lugar seguro.
Información elaborada a partir de Deia.