El talento no se retiene solo con dinero: también exige propósito y autonomía
El talento busca algo más que salario: propósito, autonomía, reconocimiento y un entorno donde pueda crecer y discrepar sin miedo.
La competencia por los mejores científicos e ingenieros de inteligencia artificial está llevando a las grandes tecnológicas a ofrecer salarios y condiciones cada vez más atractivos, mientras algunos profesionales abandonan compañías del sector para no respaldar decisiones o desarrollos con los que no están de acuerdo.
El texto, firmado por Javier Vicente, Chief People Officer de Ayesa Digital, plantea que existen dos motivos principales para cambiar de empleo: las oportunidades económicas y la relación que cada persona mantiene con su trabajo y sus valores. Como ejemplo, menciona a un investigador que dejó en septiembre una de las compañías de inteligencia artificial más valiosas del mundo sin esperar a consolidar sus acciones y que después ha advertido sobre los riesgos de una tecnología que ayudó a construir.
El artículo también señala que empresas como Google han creado opciones sobre acciones de consolidación acelerada para evitar que rivales como Meta les arrebaten profesionales, mientras que universidades como Stanford o Berkeley están perdiendo profesores en favor de estas compañías. A juicio del autor, aceptar una oferta mejor no convierte necesariamente a alguien en mercenario: puede buscar un equipo más fuerte, un reto mayor o mejores medios para desarrollar su trabajo.
La llegada de la inteligencia artificial generativa, capaz de redactar, resumir y programar en segundos, hará más relevante la capacidad de decidir qué merece la pena hacer, qué debe descartarse y qué consecuencias se está dispuesto a asumir. Para desarrollar ese criterio, sostiene Vicente, son necesarios entornos donde se pueda discrepar, equivocarse y volver a intentarlo.
El texto recuerda la distinción de Frederick Herzberg entre los factores que evitan el descontento, como el salario y las condiciones laborales, y los que impulsan la motivación, como el reto, la autonomía y el reconocimiento. La conclusión es que las organizaciones no pierden talento únicamente por pagar poco, sino también cuando sus profesionales sienten que su trabajo carece de sentido o que no pueden expresar sus opiniones.
La reflexión, publicada en un medio de Gipuzkoa y accesible desde Donostia-San Sebastián como capital del territorio, plantea a las empresas una pregunta central: qué clase de lugar ofrecen a quienes quieren seguir aprendiendo. La respuesta, según el autor, depende de que exista propósito, responsabilidad creciente y espacio para discrepar sin miedo.
Información elaborada a partir de Noticias de Gipuzkoa.