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Sanidad

La tartamudez infantil no se debe a los nervios y requiere detección temprana

La tartamudez infantil no está causada por los nervios. Los expertos recomiendan detectarla pronto y evitar interrumpir o corregir al menor.

Redacción · Palma 2 min de lectura

La tartamudez suele aparecer entre los dos y los cinco años y afecta aproximadamente al 5% de los niños, según la Fundación Española de la Tartamudez. Con motivo del Día Mundial de la Tartamudez, que se celebra este jueves 22 de octubre, especialistas recuerdan que no está causada por los nervios, la timidez ni problemas psicológicos, sino que tiene un origen neurobiológico.

Las repeticiones de sonidos o palabras, los bloqueos, las prolongaciones de sonidos y los silencios inesperados son algunas de sus manifestaciones más habituales. También pueden aparecer tensión facial, temblores en los labios o la mandíbula, parpadeo rápido, evitación de la mirada o sustitución de palabras. La logopeda Clara Gutiérrez, miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid, señala que el miedo o la vergüenza son consecuencias posibles, pero no la causa del trastorno.

La detección puede resultar complicada porque las primeras disfluencias coinciden con el desarrollo del lenguaje, entre los dos y los seis años. Por ello, Gutiérrez recomienda consultar a un profesional de la logopedia cuando comiencen a observarse estas dificultades. La valoración permite diferenciar las disfluencias propias de la evolución de aquellas que no corresponden al desarrollo y determinar si es necesario intervenir.

La tartamudez tiene componentes genéticos y neurobiológicos, aunque tener antecedentes familiares no implica necesariamente que un niño vaya a desarrollarla. Según los datos recogidos en el artículo, alrededor del 80% de los menores que empiezan a tartamudear experimentan una remisión de las disfluencias, pero la evolución varía en cada caso. La intervención puede ser directa, con el niño, o indirecta, mediante la orientación a la familia y al entorno.

Los expertos recomiendan no pedir al menor que hable más despacio o que se tranquilice, no terminar sus frases y mantener el contacto visual con naturalidad. También aconsejan hablar con un ritmo tranquilo, centrarse en el mensaje y no felicitarle específicamente cuando hable con fluidez, para evitar que se sienta evaluado. En las conversaciones telefónicas es importante tener paciencia y respetar los silencios.

La intervención no busca únicamente mejorar la fluidez, sino facilitar que la persona se comunique sin miedo. Gutiérrez subraya que alguien con disfluencias puede ser un buen comunicador y que la tartamudez no determina su capacidad para expresarse ni para desarrollar una carrera profesional. La información resulta de interés también para las familias de Palma y del resto de Mallorca que detecten estas señales en niños.

Información elaborada a partir de Diario de Mallorca.

Fuente Elaborado por la redacción a partir de Diario de Mallorca · Ver original

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