Detectar cambios de conducta persistentes, clave para prevenir el suicidio juvenil, según la UIC
Expertos de la UIC alertan de que los cambios de ánimo persistentes en adolescentes son una señal clave para prevenir el suicidio juvenil.
Con motivo del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre, expertos de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) han subrayado la importancia de detectar a tiempo las señales de alerta en los adolescentes. La directora médica de la Clínica Support de la UIC, Montserrat Pàmias, advierte de que la detección temprana del riesgo de suicidio "es especialmente difícil entre los jóvenes" y señala como indicadores los cambios de conducta persistentes, el aislamiento, las alteraciones del sueño y el apetito, y la pérdida de interés en las actividades sociales.
Según Pàmias, la adolescencia es una etapa de cambios rápidos en el estado de ánimo, por lo que un signo de alerta es que estas alteraciones se mantengan en el tiempo, al menos durante una semana. La especialista recomienda preguntar por aspectos objetivos, como el sueño o el apetito, y ofrecer ayuda de forma neutra, sin que el joven se sienta juzgado. Además, considera útil valorar la capacidad del adolescente para resolver la situación y, si no es así, facilitar su derivación a un profesional de la salud. En este papel también pueden intervenir otros adultos cercanos, como los profesores.
Por su parte, Carlos García Forero, jefe del Área de Epidemiología y Salud Pública y coordinador del Área de Investigación y Transferencia de la Facultad de Medicina de la UIC, destaca que el acoso escolar es uno de los factores sociales asociados de manera más consistente a las autolesiones y la conducta suicida en adolescentes. Aclara que no puede afirmarse que el acoso cause directamente estas conductas, pero sí que se trata de un factor detectable y sobre el que es posible intervenir con antelación. También alerta del papel de las redes sociales, que pueden ofrecer apoyo, pero también amplificar situaciones de riesgo.
Los expertos recuerdan que el suicidio constituye un grave problema de salud pública entre los jóvenes en España. Según los últimos datos oficiales del INE, 90 menores de 20 años murieron por suicidio en 2024. Sin embargo, la conducta suicida incluye también pensamientos y tentativas, lo que refleja un sufrimiento que, en muchos casos, permanece oculto.
Entre las recomendaciones para las familias, Pàmias propone hablar con naturalidad de las emociones positivas y negativas que surgen en la vida cotidiana, y trabajar para que niños y adolescentes sepan disfrutar de las emociones positivas, tolerar las negativas y pedir ayuda cuando estas superen sus herramientas de autogestión. García Forero incide en que prevenir no consiste solo en identificar a quienes ya presentan conductas de riesgo, sino también en reforzar la capacidad de afrontamiento, la regulación emocional y los entornos protectores antes de que aparezca una crisis.
Por último, Pàmias ha señalado que en el último año el Codi Risc Suicidi de Catalunya ha registrado un incremento de su actividad en menores por ideación suicida y una reducción por tentativa, lo que apunta a una mejor identificación de la conducta suicida. Aun así, ha alertado de que el silencio y la dificultad para hablar del tema siguen dificultando la detección temprana del riesgo.