Mirar al Benacantil en las Hogueras: una reflexión sobre el vínculo con Alicante
Reflexión sobre la noche del 24 de junio, la cremà y el Benacantil como símbolo de hogar para quienes vuelven a Alicante.
Con la palmera abierta sobre el Benacantil y la cremà a punto de empezar, el autor de este texto de opinión describe el gesto compartido de levantar la cabeza la noche del 24 de junio, cuando desconocidos de distintos barrios miran al mismo monte al mismo tiempo. Según el relato, es un momento en el que se puede compartir algo sin tener que explicarlo.
El texto recuerda que, al volver a Alicante en cualquier época del año, el autor busca con la mirada ese perfil rocoso desde la carretera, el tren o el avión, y que verlo le hace sentir que ha llegado a casa. Para él, la medianoche de junio no llega solo con lo vivido durante las fiestas, sino con un año entero de cambios personales, relaciones que se han acercado y otras que ya no comparten ese momento.
Entre sus recuerdos de la infancia aparece la valla de la barraca Canyaeta Peixet, en el puerto, desde donde intentaba adivinar qué hoguera empezaba a arder al ver los pequeños castillos de fuegos sobre el litoral. El autor confiesa cierto temor a mirar algún día el Benacantil sin emoción, y expresa el deseo de que las Fogueres sigan teniendo un lugar en su vida sin exigirle vivirlas como antes.
Es un texto de opinión de ámbito provincial, publicado en un medio de Valencia y pensado para lectores que viven el ritual de las Hogueras y el paisaje del Benacantil. Su interés para los vecinos de Alicante reside en la forma en que retrata una experiencia colectiva tan asentada en la ciudad.
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