La Mercè estrena una Porta de l’Infern de 14 metros en el correfoc
El correfoc de la Mercè estrena en el paseo de Gràcia una Porta de l’Infern de 14 metros ante miles de personas.
El correfoc de la Mercè ha comenzado este sábado en el paseo de Gràcia con cinco minutos de fuegos artificiales lanzados desde la nueva Porta de l’Infern, una estructura de 14 metros de ancho y siete de altura. El espectáculo ha reunido a miles de personas y ha convertido el centro de Barcelona en un recorrido de fuego, pólvora, humo y carreras.
Unas 24 agrupaciones han atravesado una a una el gran arco antes de iniciar el descenso por el paseo de Gràcia, desde la zona de la Pedrera hasta Consell de Cent. Dragones, bestias, horcas y ceptrots se han encendido al cruzar la estructura, mientras el público se apartaba con cada descarga y volvía a acercarse cuando disminuía la intensidad de las chispas.
La nueva Porta de l’Infern está formada por cerca de un millar de representaciones de brazos, piernas, torsos, manos y pies amontonados y entrelazados. Su creador, Daniel Esteban, de 25 años, ha explicado que la pieza representa su visión del infierno en la Tierra y alude al cansancio, la angustia y la violencia cotidiana, pero también al refugio que ofrecen las colles, las asociaciones y la organización colectiva.
El proyecto comenzó hace nueve meses y los últimos cinco se dedicaron a una producción especialmente intensa. Esteban ha reconocido que nunca había realizado una obra de estas dimensiones con autoría propia y que no fue consciente de su impacto hasta verla instalada ante la multitud del paseo de Gràcia.
Familias habituadas al correfoc y visitantes que asistían por primera vez han compartido las aceras y los cruces del recorrido. Pañuelos, gorras, ropa de manga larga y prendas de algodón distinguían a quienes se preparaban para acercarse a las chispas, mientras niños, jóvenes y centenares de móviles seguían el paso de los diablos.
El correfoc de Barcelona nació en las fiestas de 1979, cuando la ciudad reunió a varias colles de diables que actuaban de forma dispersa en distintos municipios de Catalunya. El público acabó incorporándose al espectáculo y consolidó una tradición en la que no solo se observa el desfile, sino que también se participa bajo el fuego.
Información elaborada a partir de El Periódico (Barcelona).