Enseñar a pensar científicamente en primaria también mejora el pensamiento crítico de los niños
Un estudio de la UIB con 60 alumnos de quinto de primaria muestra que enseñar pensamiento científico mejora también el pensamiento crítico infantil.
Investigadores del Instituto de Investigación e Innovación Educativa (IRIE) de la Universitat de les Illes Balears (UIB) han analizado el impacto de enseñar el pensamiento científico a alumnos de quinto de primaria. El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Education, concluye que aprender de forma explícita habilidades propias de la práctica científica no solo mejora las competencias científicas de los niños, sino que también refuerza su capacidad para pensar críticamente.
La investigación parte de la necesidad de formar personas capaces de analizar información, valorar evidencias y tomar decisiones fundamentadas. Según los autores, el pensamiento crítico se ha convertido en una prioridad educativa, aunque todavía se trabaja de forma limitada en las primeras etapas escolares.
Para comprobarlo, los investigadores trabajaron con 60 alumnos de quinto de primaria repartidos en dos grupos. Durante 14 semanas, uno de ellos participó en actividades diseñadas para ejercitar cinco habilidades científicas clave: observación, formulación de preguntas, elaboración de hipótesis, experimentación y extracción de conclusiones. El otro grupo siguió la enseñanza habitual. Antes y después de la intervención, todos completaron pruebas para evaluar sus competencias científicas y de pensamiento crítico.
Los resultados muestran mejoras significativas tanto en el pensamiento científico como en el crítico en los estudiantes que recibieron la intervención, con avances especialmente destacados en la resolución de problemas y el razonamiento lógico. Los investigadores también identificaron una relación positiva entre estas competencias y el rendimiento académico general.
La doctora María Antonia Manassero-Mas, catedrática emérita del Departamento de Psicología de la UIB y autora principal del estudio, señala que «estos resultados muestran que enseñar a los niños a observar, formular preguntas y contrastar ideas con evidencias no solo les ayuda a comprender mejor la ciencia, sino que les proporciona herramientas útiles para tomar decisiones informadas a lo largo de la vida».
Los autores concluyen que incorporar de forma sistemática el pensamiento científico en la educación primaria puede generar beneficios que van más allá del aprendizaje de contenidos científicos, contribuyendo a formar ciudadanos más críticos, reflexivos y preparados para afrontar los retos de una sociedad cada vez más compleja. Aunque la noticia tiene un origen balear, se trata de un estudio de ámbito provincial que se difunde desde Palma como capital de la comunidad.
Información elaborada a partir de Diario de Mallorca.