Emanciparse en València: jóvenes y adultos recurren a compartir piso ante los altos alquileres
Compartir piso en València es la única opción para muchos jóvenes: alquileres altos, pocas ayudas y emancipación casi imposible sin apoyo familiar.
Según el Observatorio de la Emancipación de 2025, publicado por el Consell Valencià de la Joventut, solo un 14,4 % de los jóvenes consigue abandonar el hogar familiar, y quienes lo logran suelen aceptar vivir acompañados. Sofía Aparicio, de 27 años, paga 360 euros al mes por una habitación en un piso compartido con tres compañeras en un barrio de la ciudad de València. Según explica, en Benimaclet le pedían 500 euros más gastos por una habitación en pisos muy antiguos, y algunas de las viviendas que visitó dejaban mucho que desear.
Sofía considera que ha tenido suerte con la convivencia y asegura que la compartir piso es una fase que prevé atravesar antes de comprar una vivienda. "Antes las cosas eran más sencillas", afirma, y recuerda que su padre con 22 años ya había comprado una casa y un coche, algo que hoy considera imposible. En su opinión, el cambio se debe sobre todo a razones económicas: "La gente ahora no puede permitirse una vivienda si no es con otra gente".
Pilar, de 37 años, busca un piso digno desde 2018 y comparte vivienda con otras ocho personas, en un inmueble sin comedor y con un único baño. "Jamás había pensado que estaría haciendo cola para el baño de mi propia casa, pero las cosas están como están", declara. Según lamenta, al superar los 35 años queda fuera de las ayudas al alquiler joven de la Generalitat, y el problema, a su juicio, es "no ver la solución".
Ambas coinciden en que independizarse de forma autónoma es casi imposible sin el apoyo de los padres o un salario muy elevado. "Si eres soltera, no te ayudan tus padres o no tienes un sueldazo, es imposible tener una casa para ti", afirma Pilar. Sofía, por su parte, señala que nunca tuvo intención de vivir sola.
El problema tampoco afecta solo a los más jóvenes. Pilar cuenta el caso de su hermano, de 60 años, que ha tenido que entrar en el mercado de la vivienda tras un problema familiar. "Cuanto más mayor te haces, el desespero es mayor", lamenta, y añade que, pese a haber seguido el orden natural de estudios, trabajo y ahorro, la situación de la vivienda le resulta insostenible.
Información elaborada a partir de Levante-EMV.