Valencia recordó a Jaime I con un funeral y un gran certamen en 1876
Valencia conmemoró en 1876 el VI centenario de Jaime I con un funeral, un certamen y actos que impulsaron la Renaixença valenciana.
Valencia conmemoró el VI centenario de la muerte de Jaime I el 27 de julio de 1876 con un funeral solemne en la Catedral, un certamen literario en el Colegio del Patriarca y una amplia programación integrada en la Feria de Julio. Los actos fueron impulsados por el periodista y escritor Teodoro Llorente, fundador y propietario de LAS PROVINCIAS, junto con su hermano Felicísimo.
Dos años antes, Llorente había traducido del francés la biografía de Jaime I escrita por el barón Charles Tortoulon. En 1876, el propio Tortoulon viajó a Valencia y participó en los funerales y actos académicos. Según los expertos citados, este vínculo entre historia y literatura está relacionado con el inicio de la Renaixença de la lengua y la literatura valencianas.
La celebración reunió a una Valencia especialmente concurrida. Las crónicas publicadas el 26 de julio describieron calles prácticamente intransitables y alojamientos completos, hasta el punto de que algunos visitantes durmieron en aceras, bancos del Parterre y los andenes de la Alameda. La ciudad acababa de inaugurar el tranvía de caballos y también celebraba el centenario de la Real Sociedad de Amigos del País.
Entre las iniciativas de Llorente estuvo la construcción de un monumento a Jaime I en el Parterre. El Ayuntamiento aportó una cantidad inicial y reservó el espacio, mientras que el resto de la financiación se obtuvo mediante aportaciones privadas y una tómbola instalada durante la Feria de Julio. El monumento, obra del escultor catalán Agapito Villamitjana, fue inaugurado quince años después.
Los festejos incluyeron corridas de toros, bailes y actos musicales. Durante el programa taurino, el diestro Antonio Carmona, Gordito, devolvió a los corrales un toro que se había escapado en los muelles de descarga de la calle de Játiva. Después, una lesión le impidió actuar y Frascuelo tuvo que lidiar en solitario ocho toros de Murube.
La comitiva oficial partió del Ayuntamiento, entonces en la calle de la Sangre, hacia la Catedral. La Senyera abrió el cortejo, seguido por las autoridades, un carro fúnebre tirado por ocho caballos negros, un caballo sin jinete y varias carrozas antiguas. En el desfile se exhibieron el escudo y una espada procedente de la Armería Real de Madrid, mientras bandas, hospicios y gremios acompañaban una ceremonia que LAS PROVINCIAS definió como de «severa pompa» y «lujosa gravedad».
Información elaborada a partir de Las Provincias.